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miércoles, 21 de noviembre de 2007

Sobre la cópula en la lengua

Ya había olvidado lo que sabía sobre las oraciones copulativas y sus reglas cuando me he encontrado la frase que ahora analizo en el número del pasado 14 de noviembre del suplemento Campus, que edita el diario El Mundo todos los miércoles.
Las oraciones copulativas sirven, en esencia, para presentar dos proposiciones equivalentes o identificables: Mi padre es bombero. Gramaticalmente, los elementos de la oración son: un sujeto, un verbo copulativo (normalmente la lista de posibilidades se reduce a ser, estar y parecer) y un atributo. En el ejemplo anterior se ve por qué se dice atributo: al fin y al cabo, bombero es un atributo de mi padre (como podría serlo moreno, fuerte, inteligente, o, por que no todo sean piropos, viejo o calvo). Ya no más, papá.

Bien, de acuerdo, pero ¿por qué me he fijado en esta frase?, ¿qué me ha llamado la atención? Tomemos una que se parece: Mi padre y mi tío son hombres. En este caso, tanto en sujeto como el atributo aparecen en plural, mientras que en la frase del periódico, el sujeto aparece en plural, pero el atributo está escrito en singular. ¿Se trata de un error? Trataremos de resolver esta cuestión.

En primer lugar, una consideración sobre lo que define a una oración copulativa y sobre lo que las diferencia de las predicativas. Es cierto que hay quien hace equivaler la aparición de los verbos ser, estar o parecer con el concepto de oración copulativa lo cual, a mi juicio, es incorrecto. Podríamos, por reducción al absurdo, deducir que las oraciones en forma pasiva, que se construyen con el verbo ser, resulta que son, además copulativas. La aparición de estos verbos es una cuestión formal, pero no es la forma la que define el concepto. Claro, que la discusión puede llevarnos a si el hombre (como raza) lo es por su aspecto antropomorfo o por su alma, su conciencia de sí, si una característica, por prominente que sea, define un ente. ¿Demasiada filosofía? Tentador, pero no seguiremos por este camino.

Entonces, tenemos un sujeto, el verbo ser, y algo que hacemos equivaler a ese sujeto. En nuestro caso, el sujeto es "Preparar el material para las inmersiones y estudiar las labores de campo", el verbo viene negado "no son", y el atributo resulta ser "empresa fácil" (ya nos gustaría que fuese fácil, o no, porque entonces no escribiríamos todo esto). Si asumimos que no tiene por qué existir concordancia en número entre el sujeto y el atributo, como en la frase, a todas luces correcta (¿o será que me he acostumbrado a ella?), "El problema son los hijos", no queda claro si, en caso de existir discordancia, es el elemento plural el que define el número del verbo o si, de hecho, la concordancia en número ha de darse entre el sujeto y el verbo copulativo. No obstante, cualquiera de las dos reglas de concordancia (elemento plural o sujeto) son aplicables en nuestra frase ya que, el sujeto es plural: el verbo copulativo ha de aparecer en plural sin necesidad de que el atributo lo haga.
Recomendaré, por último, un artículo bastante académico que nos clarifica varios conceptos sobre este tipo de oraciones.

PS: Veo que el texto ha quedado más oscuro de lo que hubiera deseado. Si sirve de disculpa, declaro que lo he redactado en tres o cuatro sesiones de ratos libres que he ido encontrando, y he cambiado el enfoque a medida que escribía y asimilaba lo (re)aprendido. Si realmente es así, miraré por reescribirlo en el futuro.


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lunes, 19 de noviembre de 2007

El enemigo está cerca

En este diario aparecen pocas reseñas a partir de textos del diario El Mundo, lo cual se debe solamente a que cae en pocas ocasiones en mis manos. Solamente puede ser por esta razón, porque es cierto que, cuando aparece, viene a hacerlo con ejemplos sonados, y como ejemplo, ninguno mejor que el que dio origen a este espacio. Debo agradecer, pues, a uno de mis lectores el señalamiento de la cuestión que hoy nos ocupa.
Uno no acierta a comprender cómo se ha colado un error como este en un artículo de dos páginas firmado por el propio director del diario El Mundo, y es que uno espera que alguien que llega tan lejos en una profesión ha de dominar los recursos de la misma, y en ésta es el idioma el más básico de todos. Podría ser que el consabido corrector lo hubiera leído y, dada la personalidad del firmante, no se hubiese atrevido a formular la debida corrección, que en algún otro caso hemos sospechado esto mismo. Podría ser un simple despiste, no por ello menos disculpable. Podría ser... pero resulta que no ha habido nadie alrededor del señor director que le avisase de su desliz.
El hecho es que el error aparece en el primer párrafo del larguísimo artículo, y que se repite ya avanzado el texto. Solamente puedo enlazar a la portada de la sección de opinión del día de la publicación (18 de noviembre), ya que para avanzar más allá se necesita ser suscriptor, de modo que hay quien puede quedarse sin ver la noticia. Es curioso que, ya que el fallo estaba en el primer párrafo, hasta en esta portada se puede ya observar el error cometido. No obstante, he encontrado que alguien la ha dilapidado completa, por si interesa su lectura.


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viernes, 5 de octubre de 2007

Se ha dado cuenta

La primera entrada en el diario, la que me animó a comenzarlo, se la debemos al diario El Mundo, el cual, en su portada del día 1 de octubre de 2007, llevaba como titular principal "Ibarretxe advierte que no le va a ‘temblar el pulso’ frente a Zapatero".

Mi primera impresión (y también la segunda, hasta que comencé a escribir esto) era que teníamos en portada de un diario de gran tirada un ejemplo de hasta dónde nos ha llevado la lucha contra el dequeísmo. Pero tuve la precaución de ir al diccionario de la RAE a buscar las acepciones del verbo advertir, el cual solamente me sirvió para cerciorarme de que una de las acepciones es la que figuraba en esta noticia:

4. tr. Avisar con amenazas.

La parte de las amenazas es interpretable, y no voy a entrar en ella, pero me quedo con "avisar". Ahora bien, el diccionario de la RAE no aclara cómo debe construirse la frase. Hay que buscar más. Lo primero fue buscar cómo aparecía en otros medios la misma noticia, y la encontré entre otros, en Europa Press, El Periódico y El diario vasco. En todos ellos la construcción es "Ibarretxe advierte de que no le temblará el pulso", lo cual me reafirma en mi idea inicial, el autor del titular ha caído en la trampa del queísmo.
Sin embargo, se puede buscar un poco más, lo cual deja un poso de duda, así que trato de encontrar más explicaciones. Y he hallado dos artículos, que me parece que aclaran casi totalmente la cuestión. En el primero y su continuación, fechados en 2002 y titulados "Queísmo y dequeísmo", el autor defiende que es absolutamente incorrecto el uso advertir de que cuando se quiere expresar un consejo, mientras que en el sentido de "darse cuenta" la preposición no es necesaria, en línea con el título del presente artículo. No obstante, en 1999 se fecha otro artículo publicado en El Cajetín de la Lengua, en el que su autora defiende el uso sin preposición que se realiza en el artículo de El Mundo. Al final de este artículo se añade una discusión que ayuda a ilustrar cuán opinable es el uso de la construcción advertir de que.

Ya no me queda claro si la construcción es correcta o no, pero me sigue sonando que advertir algo es darse cuenta de una cosa, mientras que advertir de algo (a alguien, si no, no tendría sentido) es avisar, y eso es lo que hacía el señor Ibarretxe, avisar al gobierno español de sus intenciones con respecto a algún asunto que en este contexto no nos interesa.